Fui de los que se formaron a la antigua: autodidacta, buscando información donde casi no la había, hasta que llegué a AMPI e inicié ahí mi formación profesional como Agente de Bienes Raíces. Desde el principio me especialicé en comercializar desarrollos — primero como vendedor, después como gerente de ventas, director comercial, y director de proyectos. Trabajé para grandes desarrolladores, y ahí aprendí los procesos que hoy enseño.
Con el tiempo me independicé. Mi oficina de bienes raíces se especializó en comercializar desarrollos, hasta convertirse en la estructura comercial completa del desarrollador — lo que en el gremio hoy llamamos Master Broker. Hace 6 años di el siguiente paso: armé mi primer desarrollo inmobiliario propio. Negocié el terreno, armé el proyecto de inversión, levanté el capital, lo vendí, lo construí y lo entregué con éxito. Después vinieron más.
Durante el encierro de la pandemia me invitaron a dar clases en el CCIE de AMPI México, dentro del Master de Negocios en Desarrollos Inmobiliarios. Ahí descubrí algo que no esperaba: enseñar los procesos de venta, las estrategias financieras, el project management, lo jurídico y fiscal, los fideicomisos — se convirtió en mi pasión.
Ya como presidente de AMPI Mazatlán (2023–2024), y después como consejero nacional, empecé a ver el mismo patrón repetirse en decenas de desarrollos y decenas de inmobiliarios: gente confiando ciegamente en desarrolladores sin estructura. No era el problema de un proyecto — era un problema del sistema completo.
Así nació URB4N LAB: para construir, bajo una sola marca, lo que antes hacía por separado. Cuatro unidades que hoy se complementan para dar una visión integral del negocio del desarrollo inmobiliario — el mismo negocio que sigo aprendiendo, todos los días.